¿GENIO Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA?

¿GENIO Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA?

En el refranero español abundan expresiones que parecen contener verdades incuestionables. Una de las más conocidas es: “genio y figura hasta la sepultura”. Con ella se sugiere que el carácter de una persona no cambia jamás, que nacemos con una forma de ser que nos acompañará hasta el final de la vida. Pero ¿qué dice la ciencia sobre esta sentencia tan rotunda?

La psicología: estabilidad y cambio

La psicología de la personalidad ha investigado durante décadas la estabilidad de nuestros rasgos. Los cinco grandes factores de la personalidad (apertura, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo) muestran cierta constancia a lo largo del tiempo. No es raro que alguien reconozca en la madurez rasgos que ya estaban presentes en su infancia. En ese sentido, el refrán parece tener parte de razón: nuestra “figura” psicológica tiene una base que no se borra con los años.

Sin embargo, la investigación también muestra que la personalidad no es una piedra inmutable. Cambia con la edad, con las experiencias vitales y, en particular, con la reflexión y el trabajo personal. Personas ansiosas pueden aprender a vivir con serenidad; individuos tímidos pueden ganar confianza en sí mismos; alguien irascible puede desarrollar la paciencia. El cambio es posible, aunque no siempre rápido ni sencillo.

La neurociencia: plasticidad cerebral

La neurociencia aporta aquí un matiz esencial: el cerebro es plástico. La llamada neuroplasticidad nos recuerda que las conexiones neuronales se fortalecen o debilitan según el uso que hagamos de ellas. Lo que repetimos se afianza; lo que dejamos de practicar se desvanece. De ahí que podamos modificar hábitos emocionales, de pensamiento o de conducta incluso en la edad adulta.

Esto no significa que podamos transformarnos en alguien completamente distinto a voluntad. Existen predisposiciones genéticas, temperamentos más o menos estables y huellas tempranas que condicionan nuestro modo de ser. Pero sí quiere decir que nuestra biografía no está escrita de una vez para siempre.

El mito de la inmutabilidad

El refrán “genio y figura hasta la sepultura” refleja una visión estática del ser humano que puede ser limitante. Si creemos que nada puede cambiar en nosotros ni en los demás, renunciamos de antemano a la posibilidad de crecer. Nos refugiamos en frases como “yo soy así” o “él no tiene remedio” y cerramos la puerta a la transformación.

La psicología contemporánea y la neurociencia coinciden en señalar que somos sistemas dinámicos: estables en ciertos rasgos, pero abiertos al cambio en otros. La constancia y el cambio no son opuestos; conviven en nosotros.

Una reflexión para el bienestar

Tal vez lo más sabio no sea aceptar el refrán al pie de la letra, sino reinterpretarlo. Sí, llevamos con nosotros una “figura” básica que nos acompaña a lo largo de la vida, pero esa figura puede matizarse, pulirse y evolucionar. El verdadero límite no lo pone el destino ni la biología, sino la disposición a mirarnos con honestidad y a ejercitar nuevas formas de vivir.

Por eso, frente a la resignación que encierra el refrán, conviene recordar otra idea más esperanzadora: no podemos cambiar nuestra naturaleza de raíz, pero sí nuestra manera de relacionarnos con ella. Y ahí se abre un horizonte de libertad que ningún dicho popular debería clausurar.

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